Nos remontamos a 1844 para encontrar la primera alusión a esta crema de limón tradicional británica. Desde entonces, ha ido evolucionando y pasando de generación en generación, hasta convertirse en un clásico que usan para todo: sola, para rellenar tartas, bizcochos... o hasta para el sándwich que hizo famoso la reina Victoria.
Rallamos la piel del limón y reservamos. Exprimimos los limones para obtener unos 125 gr de zumo y lo colamos.
Ponemos en un cazo las yemas, el huevo, el zumo de limón, la sal y el azúcar. Mezclamos con cuchara de madera.
Colocamos este cazo sobre otro cazo mayor con agua hirviendo para cuajar la crema al baño maría. Removemos sin parar con la cuchara hasta que la crema empiece a espesar.
Seguimos unos 5 minutos, hasta que la crema sea capaz de cubrir el dorso de la cuchara claramente, pero no debe llegar a hervir.
Sacamos el cazo del fuego y añadimos la mantequilla troceada. Removemos con unas varillas hasta que se haya incorporado.
Dejamos enfriar en la nevera durante varias horas.
Para el emplatado, preparamos un merengue con las claras sobrantes y azúcar.
Trituramos las galletas y las colocamos en el fondo de un vaso. Vertemos encima la crema y coronamos con el merengue.