Es el rey de corazones de los postres de la abuela... y una opción infalible para esas esas cenas a las que llegas echo un flan. Aunque la receta es, aparentemente sencilla y tiene pocos ingredientes, para que salga perfecto hay que ponerle un poco de amor.
Ponemos en una olla 150 gr. de azúcar, añadimos el agua y un chorro de zumo de limón. Calentamos a fuego medio.
Mueve la olla cuando veas que el caramelo empieza a formarse por abajo, para que el líquido se vaya mezclando.
Cuando toda la mezcla tenga un color tostado, ya puedes apagar el fuego y dejarlo reposar unos segundos para que siga cocinándose con el calor residual.
Viértelo y extiéndelo por el fondo del molde, creando una capa fina y desechando el excedente (o guardándolo para otra elaboración)
Ponemos a la leche a calentar a fuego suave con la vaina de vainilla abierta. Cuando empiece a hervir, apaga y reserva.
Separamos las yemas de dos huevos (guardamos la clara para otra preparación) y batimos en un bol las yemas y los otros cuatro huevos, junto con el azúcar. Mezclamos todo bien.
Vertemos ahora la mezcla en la flanera (si es para San Valentín, usa una con forma de corazón).
Colocamos la flanera en una fuente honda con agua caliente, que llegue hasta la mitad del molde para que cubra pero para que el agua no salpique el flan.
Horneamos al baño maría, a 160º, durante 45-50 minutos, hasta que cuaje. Importante que la temperatura del horno sea constante.
Retiramos del horno y dejamos enfriar, primero a temperatura ambiente y luego en la nevera. Lo recomendable es dejarlo reposar en la nevera unas 24 horas antes de su consumo.